Mijas juega en dos alturas. Arriba, a 428 metros, Mijas Pueblo: cal impecable, macetas azules y ese balcón continuo sobre el Mediterráneo que justifica por sí solo la visita. Abajo, Mijas Costa y La Cala: playas, golf y una vida residencial serena que ha conquistado a media Europa.
El pueblo es, sí, una de las postales más fotografiadas de Andalucía. Pero conviene quedarse cuando los autobuses se van: al caer la tarde, con las calles vacías y la costa encendiéndose a los pies, Mijas recupera un silencio de pueblo de montaña que ningún objetivo captura del todo.
Qué ver y qué hacer
- Los jardines del Muro: el mirador definitivo sobre Fuengirola y la costa; al amanecer, con calima ligera, parece una acuarela.
- La ermita de la Virgen de la Peña: excavada en la roca en el siglo XVII, diminuta y conmovedora.
- La plaza de toros oval: levantada en 1900 sobre la peña, su forma irregular la hace única en España.
- CAC Mijas: un centro de arte con una de las mayores colecciones de cerámica de Picasso del mundo, en pleno pueblo blanco.
- Los burro-taxis: patrimonio popular desde los años sesenta; hoy conviven con estrictas normas de bienestar animal y siguen siendo parte de la memoria del pueblo.
La Cala y la costa
Doce kilómetros más abajo, La Cala de Mijas conserva escala de pueblo: un torreón vigía del siglo XVI, un paseo litoral sin edificios de altura y playas anchas de arena dorada que se prolongan por El Chaparral y Calahonda. La Senda Litoral, un paseo de madera que va cosiendo la costa, permite caminar durante kilómetros con el mar a un metro. Para quien busca actividad, el término municipal concentra algunos de los campos de golf más queridos de la zona media de la costa.
Sabor local
En el pueblo mandan los clásicos: gazpacho servido en jarra, chivo lechal al horno y vinos dulces de la tierra en tabernas con vistas al abismo azul. En La Cala, el registro cambia a marinero: espetos, fritura malagueña y arroces frente al torreón. Y entre ambos mundos, una escena creciente de cocina internacional de calidad —nórdica, británica, asiática— que refleja a la comunidad residente sin renunciar al producto local.
El plan del editor
- Mañana: sube temprano al pueblo, recorre los jardines del Muro y la ermita antes de que lleguen los grupos.
- Mediodía: chivo al horno en una taberna del centro, con la costa entera de mantel.
- Atardecer: baja a La Cala, camina la Senda Litoral hacia el torreón y cierra con un espeto al último sol.