Basta con dejar la autovía en San Pedro Alcántara y seguir el curso del río Guadalmina para que el paisaje cambie por completo. En pocos minutos la costa queda atrás, la carretera se estrecha entre lomas de pinos y aparece Benahavís, un pueblo blanco recogido en un valle que ha hecho de la buena mesa su seña de identidad. Lo llaman a menudo el comedor de la Costa del Sol, y con razón.

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Un pueblo hecho para comer despacio

Lo primero que sorprende de Benahavís es la cantidad de restaurantes que se concentran en sus pocas calles. Para un municipio de su tamaño, la oferta es extraordinaria: asadores, cocina andaluza de siempre, propuestas de autor y casas internacionales que llevan décadas atrayendo a clientes de Marbella, Estepona y toda la comarca. Al caer la tarde, las terrazas de la calle principal se llenan de mesas y de conversaciones en varios idiomas.

En otoño la cocina mira a la sierra. Es temporada de setas, de guisos de caza, de castañas y de carnes a la brasa que agradecen las primeras noches frescas. Nuestro consejo es sencillo: reservar con antelación en fin de semana, preguntar por el plato del día y dejar sitio para el postre casero.

Las Angosturas del Guadalmina

Muy cerca del pueblo, el río Guadalmina atraviesa una garganta de roca caliza conocida como Las Angosturas. Sus paredes pulidas por el agua forman pasillos estrechos, pozas de color esmeralda y rincones de sombra como el Charco de las Mozas. En verano, cuando el caudal es bajo, es un lugar muy popular para el barranquismo guiado; el resto del año basta con acercarse a los miradores y recorrer los senderos del entorno.

La prudencia es obligatoria: el nivel del agua cambia con las lluvias y algunas zonas solo deben recorrerse con guía. Respetar las indicaciones locales es la mejor forma de disfrutar de uno de los paisajes más fotogénicos de la provincia.

Benahavís combina en pocos kilómetros una garganta fluvial, un castillo de origen andalusí y una de las ofertas gastronómicas más densas de la provincia de Málaga.

El castillo de Montemayor

Sobre un cerro a unos kilómetros del pueblo se levantan los restos del castillo de Montemayor, una fortaleza de origen andalusí que ya existía en el siglo X y que vigilaba el litoral y los pasos hacia la serranía. La subida es exigente pero la recompensa es enorme: en días claros la vista abarca la costa entera y, más allá del mar, la silueta de África. Conviene ir temprano, con agua y calzado de montaña.

Golf, villas y naturaleza

Buena parte del término municipal de Benahavís está ocupada por urbanizaciones residenciales de alto nivel y campos de golf, entre ellos algunos de los recorridos más tranquilos de la zona de Marbella. Es también hogar de La Zagaleta, una de las fincas privadas más exclusivas de Europa. Pero a pocos pasos del lujo residencial siguen intactos los pinares, el río y los caminos de herradura que recuerdan el pasado agrícola del valle.

Cómo organizar la visita

  • Llegar: desde San Pedro Alcántara la carretera sube en unos diez minutos. Hay aparcamientos públicos en la entrada del pueblo.
  • Cuándo ir: el otoño es ideal para la cocina de temporada y para caminar; el verano, para el agua de Las Angosturas.
  • Qué combinar: una mañana en Marbella o en Estepona y una comida larga en Benahavís forman el día perfecto.
  • Para alojarse: si buscas hotel con estilo cerca, revisa nuestra selección de dónde alojarse con lujo en Marbella.

Benahavís es la prueba de que la Costa del Sol no termina en la playa. Basta con subir un poco por el río para encontrar otro ritmo, otra luz y una mesa a la que siempre apetece volver.